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lunes, 11 de octubre de 2010

Noticias en un cafe

La ventana de mi habitación guardaba las marcas de las gotas de lluvia de la madrugada. Así, los elementos circunstanciales anunciaban que estábamos ante una mañana invernal.

Mis mejillas rosadas por el calor que emanaba la estufa de mi diminuto rincón universal, me saludaban con un Buenos Días. Mis medias negras con rayas blancas se perdían entre las sábanas de mi Queen Size.

Mis ojeras no querían despertarse, reposaban y golpeaban desde lo lejos aquel botón de “Desactivar” de la alarme de mi aparato celular.

Los elementos dibujaban un día cualquiera.

Fue por la tarde mientras caminaba por un café, cuando me encontré con Alejandra. Ella estaba sentada en la mesa del Café de la esquina. Sus ojos color caramelo perdidos miraban tras la luna de aquel local. Dudé en saludarla, tal vez porque aquel día no me había inyectado mi dosis de “persona social” o porque, quizás, tenía que regresar a trabajar de inmediato.

A pesar de las dudas, me acerqué, la saludé y la noté distraída. Mi curiosidad surgió entre las cenizas y decidí sentarme, solo bastaron unos pocos minutos para que entendiera porque su mirada había perdido el brillo de la chica bohemia que había conocido años atrás.

Alejandra había regresado hace un par de semanas de un intercambio, había estudiado por alrededor de 6 meses en Barcelona. Una de las primeras cosas que hizo al llegar fue buscar a Miguel, un muchacho de tan solo 28 años, con el cual había salido por alrededor de 8 meses, una relación liberal, sin ataduras que los había convertido en fichas de dominó.

Durante los últimos meses, antes que Alejandra partiera a tierras españolas, habían peleado como cualquier pareja, por motivos sin importancia. Después de aquellos episodios, dejaron de hablar y Alejandra fugó a España.

No habían tenido comunicación, solamente un mail tal vez. Luego de tres días en Lima, Alejandra lo llamó al número que guardaba en su agenda pero no contestaba. Estar afuera por 6 meses había hecho entender a Alejandra que en la vida debemos olvidar los resentimientos y que los problemas son más pequeños de lo que imaginamos.

Tomó un taxi y se dirigió directamente a la casa de Miguel. Tocó el timbre y salió la señora de limpieza, Alejandra no dudó en preguntar por Miguel. La señora un poco desconcertada le dijo: Señorita, disculpe pero, Miguel sigue en la clínica. Alejandra, preocupada preguntó: Ah, pero ya regresa?, fue a consulta?, fue solo?. La señora sin saber cómo responder, le coge los hombros y le dice: Señorita, Miguel se encuentra en estado de coma, hace dos semanas, tiene cáncer al páncreas en etapa terminal.

Las rodillas de Alejandra temblaron, no contestó nada, las imágenes del pasado invadieron su cerebro perturbado. Esto sucedió hace 3 horas antes que yo la encontrará en aquel café. Sus ojos seguían rojos y su corazón aún perturbado.

Aquellas gotas de lluvia en mi ventana por la mañana anunciaban el reflejo de las lágrimas de Alejandra por la tarde.


martes, 29 de diciembre de 2009

¿Cómo lograr que alguién te quiera y te olvide en solo 45 días?

Era noviembre, luego de casi dos años de haber terminado la relación más importante de mi vida –hasta ahora claro está- y de algunas salidas furtivas con especímenes extraños, entre los dulces, los decididos, los pendejos, los que conocí en un bar y quisieron pedirme mi número y la dudé y decidí no hacerlo hasta aquel amigo de años que resultó ser solo eso solo un amigo sin querer llegar a más; entre esas idas y regresadas un 13 de noviembre conocí a alguien.

Ese viernes no había ido más linda que nunca. No. Estaba con un vestidito y con unos leggins, botas y el cabello lacio, casi como un día cualquiera, él estaba a menos de 2 metros y sonreía. No era la primera vez que lo veía, pero sí la primera vez que pude conversar con él. Me ofreció algo de tomar, conversamos, nos reíamos, y me tuve que ir.

Durante la semana, me las ingenié para verlo el fin de semana, sin mucho alboroto, solo tratando de cruzar casualidades, lo vi, bailamos, nos miramos y nos besamos, no dudé en hacerlo, sentía que estaba haciendo lo correcto.

A partir de ese día mis días amanecían soleados, con un mail en mi bandeja, con un mensaje en mi celular, con varias alertas al nextel, con holas por la mañana y buenas noches en las madrugadas después de horas de conversa.

Todo era mágico, me quería presentar a su familia, a sus amigos, hacíamos planes, me hacía sonreír, me decía “Reina”, me hacía soñar, me hacía volar. Él es aventurero, vive el día a día, es mayor que yo por 6 años, definitivamente a tenido más relaciones amorosas que yo y piensa por ende que sabe más que yo, excéntrico, libre, decidido, conversador, bromista, dice confiar en las personas.

Dentro de mis miedos guardados por aquella relación pasada y por las furtivas que tuve, aprendí a guardar mis sentimientos, aflorarlos poco a poco, a desconfiar; no sé por qué pero con él todo estaba cambiando, con él podía ser como quería ser, saltaba como loca mientras bailaba, le contaba mis secretos, mis sueños… pero cometí el error de no contarle todos mis miedos.

Él me daba seguridad, sentía que me ponía un cinturón de seguridad que me estaba uniendo cada vez más a él.

Un día planeamos una salida con una pareja de amigos suyos, terminamos en la casa de una chica que celebraba con un Luau muy divertido su cumpleaños. Nos quedamos ahí, bailamos, saltamos, nos besamos, fuimos nosotros. Salimos de ahí, después de unos tragos más con dos parejas de amigos suyos, se hizo tarde y estaba amaneciendo… en mi cabeza solo guardaba las imágenes de una noche increíble.

Antes de despedirse, él me dijo: Sandra, no sabes cuánto me gustas y quiero que esto sea grande, quiero estar contigo. Quisiera saber si tu solo quieres que sea tu ‘brother’ o quieres que sea tu enamorado”.

Me tomó por sorpresa, porque recordaba que él me dijo que íbamos a salir para conocernos, para que todo sea perfecto, sí perfecto, me imaginaba el momento en el cual él me pidiera ser su enamorada distinto, más especial y mágico, sí lo sé cursi, pero él me lo había prometido.

Mi respuesta fue: “D, yo te quiero, pero no sé siento que falta algo”, y no me dejó explicarle más, con esa estúpida frase, ahora me digo a mí misma estúpida porque siendo una señorita abogada, en ese momento, no se me ocurrió más que esa frase, pudiendo esquematizar mis ideas de una manera más ordenada y sencilla, NO, mi bocota solo se abrió y expectoró una frase lapidante que hizo que él dijera: ”Ok, entiendo perfectamente todo, ya estoy bastante grande para entenderlo”. No me dejó explicarle las cosas, no me dejó decirle que era lo que significaba ese “falta algo”, quería que pasará un poco más que me conociera más, que se esforzara un poco más, no lo sé.

Después, fueron los peores días, no me contestaba las alertas, las llamadas, los mensajes, los mails, desapareció se esfumó, así como apareció así se evaporó.

Luego de dos mensajes de voz míos, lastimosos para decir verdad, decidió verme, hablar, intentamos solucionar y hablar de lo que había pasado, tratamos de ponerle un curita gigantesca a la herida, pero fue inútil.

Él había cambiado conmigo, ya no habían mensajes, no había correos, no había alertas, solo una conversación en una reunión en la cual me dijo mis peores defectos, todo lo que no le gustaba de mí, me dijo que estaba confundida, me dijo entre otras cosas que dudaba que yo lo quería porque no era posible que me comportara de la manera que lo había hecho con él. En qué momento me quiso y en qué momento me dejo de querer, ¿me ha dejado de querer?, ¿tanto les disgusta mis defectos?, ¿tan mala persona soy?, ¿tan rápido puedo lograr que un chico se enamore y se desenamore de mí?, ¿en qué o quién me he convertido?

No sé si él tiene razón, pero tuve que acudir a la fuente más cercana, a mi ex, hablé con él, porque sigue siendo felizmente gran amigo mío y me abrió los ojos, me recordó la clase de mujer que soy y que si bien tengo unos cuantos que otros defectos, mis virtudes son muchas más, que aplastan mis defectos, que tengo varias actitudes que corregir, si nos las tuviera sería perfecta!, pero que no debo olvidarme de quién soy y que es lo que quiero.

Hoy amaneció soleado, estoy enferma, pero me sirvió para reflexionar, para escribir este post catártico, para decirle a él, si me está leyendo, que lo quiero que todavía lo hago, agradecerle por aparecer en mi vida, que me disculpe si hice algo malo, pero que recuerde quién soy, espero que haya conocido a una pequeña partecita mía y se dé cuenta que él también se equivocó y que no es perfecto.


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http://intimas-confesiones.blogspot.com/2009/12/lo-conoci-un-viernes-de-noviembre.html

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http://intimas-confesiones.blogspot.com/2009/11/mi-propio-cuento-de-hadas.html

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martes, 15 de diciembre de 2009

Me gustaría envejecer a tu lado

Cuando el sol se desmorone sobre nuestras espaldas quisiera tenerte de nuevo entre mis brazos,

Y empezar a contar las arrugas que los años han dejado en nuestros rostros,

reconocer sus espacios y colorear sus surcos,

poder interpretar y recordar las pasiones desbordantes de nuestros años adolescentes,

es tan simple que quisiera poder mirarte nuevamente y reconocer tus ojos en los míos.

Quisiera intentar descifrar tus pelos canos, poder contarlos y saber que cada uno de ellos creció a mi lado, poder mirar tus manos y saber que estarán dispuestas a seguir siendo el soporte de mis caídas inesperadas.

Me gustaría rozar tu barba y oler nuevamente tu perfume,

Besar tu cuello anciano y sentir que tengo 25 nuevamente.

No pasarán esos años, no seremos ancianos juntos, no tendremos pelos canos,

Solo somos dos víctimas de las peores circunstancias,

Yo aquí y tu tan lejos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Lo conocí un viernes de noviembre

Era un viernes de noviembre, un día cualquiera, el clima indeciso nos auguraba el final de la primavera y el comienzo de un verano particular. Sin mucho sol y bajo las mismas nubes plomizas de todos los días, prendí mi auto, la rutina matutina me instruía a manejar hasta mi oficina por las calles atiborradas de autos, motos y combis. Como de costumbre mientras manejaba rizaba mis pestañas y me untaba el rubor a mis abultadas mejillas.

Estaba cansada, el día anterior había estado un par de horas en el gimnasio intentado “estar en forma” para este verano que cada día se acerca más. Sin embargo, desde la mañana había decido no ir en la noche de ese viernes, quería dormir, ver tele y descansar.

Durante la mañana llegaron unos correos y contesté algunas llamadas, las cuales no fueron relacionadas a mis labores diarias sino que eran pliegos interrogatorios respecto a los planes para la noche, todos asumían que como todos los viernes teníamos que hacer algo especial.

Decidí contestar algunos correos con comentarios generales, con un clásico: “Ya se ve” o con “Hablamos en la noches y decidimos los planes”. Todo era una ilusión, no tenía ganas de salir y si al final decidía por algún plan fiestero debía escaparme a la casa de mi primo y saludarlo por su cumpleaños.

Pasaron las horas y seguía cansada, marcaron las 7 p.m., el día estaba a punto de terminar y no había llamado a mi primo a saludarlo. Marqué su número, lo saludé efusivamente y al final me convenció en ir por unas horas a su casa. A pesar de mi desgano y cansancio, me puse las botas y salí, no me arreglé como de costumbre, no me eché brillo, no me rizé nuevamente las pestañas.

Abrí la puerta de la casa de mi primo y estaba repleta de personas en un estado avanzado de diversión, saludé a algunos y me senté en el sofá rojo al costado de mis primas. Fue al costado de aquel sofá rojo donde lo volví a ver, no era la primera vez que veía sus ojos marrones grandes, él se acercó me ofreció tomar algo, me preparó un chilcano, la verdad que no tan bueno, pero eso fue lo de menos, conversamos durante toda la noche.

Cada dos minutos me reía a carcajadas, cada dos minutos me acomodaba el cabello y sentía que coqueteaba sin quererlo, lo miraba y de ahí miraba al suelo, ese nerviosismo adolescente se me desbordaba. Fue una increíble compañía, la perfecta para esa noche y para todas las demás, felizmente que no me quedé en mi casa ese viernes por la noche, felizmente me peiné esa noche, tuve suerte, esa noche salieron mas estrellas que de costumbre.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Mi propio cuento de hadas

Él la mira fijamente....

Le toca el rostro suavemente como si fuera una muñeca de porcelana.
Sin decir nada su mirada la convence, sin decir nada, le confesó que es capaz de bajar diecisiete estrellas y nadar hasta Hong Kong...

Toma su mano y le entrega la llave de su corazón.

¿Cómo podría negarse a sentir nuevamente?, si sus pies dejaron de pisar el suelo para volar por las montañas hechizadas y los ríos encantandos.

Dejo de ser real y humana, se convirtió en la propia princesa de su cuento de hadas.

Su corazón ya no guarda ira ni resentimiento, empieza a purificarse, a sanar las heridas de ayer y a aceptar el nacimiento de una nueva historia.


viernes, 6 de noviembre de 2009

Camila, Micaela y Joaquín: mentiras verdaderas

Camila y Joaquín estaban juntos hace 1 año, su relación era como la de cualquier pareja de enamorados, ella 20, él 24, ambos estudiaban en la universidad y su relación transcurría entre los rutinarios días de clases y las salidas a los bares los fines de semana.

Micaela era amiga de Camila, se conocían desde los 6 años, compartieron las aulas del colegio, las muñecas y el monopolio, mientras los lustros transcurrían los lazos de hermandad crecían, se convirtieron en las hermanas que ambas nunca tuvieron y siempre quisieron. Micaela estudió en otra universidad, razón por la cual se distanciaron por algunos años, pero la vida logró que volvieran a juntarse de nuevo y sean las amigas de siempre.

Micaela conoció a Joaquín e inmediatamente por la cercanía que guardaba con Camila, se hicieron amigos. Salían juntos los tres, ha veces cuatro, a veces cinco, o veces muchos. Si Camila quería ir al cine con Joaquín, Micaela también quería ir, a ambos no le importaba, total la imagen de los tres comiendo popo corn y riéndose de una película siempre resultaba divertida.

Pasaron los meses, y se acercaba cada vez más el cumpleaños de Camila, Joaquín quería hacer algo especial y sin lugar a dudas le pidió ayuda a Micaela. Decidieron planear una fiesta sorpresa.

Durante dos semanas organizaron todo, torta, globos, llamadas de invitaciones, gorritos, todo, Joaquín hablaba con Micaela por las noches para preguntarle por el regalo de Camila. Hasta que un día sin saber cómo, Joaquín marcó inconscientemente el número de Micaela pensando que era el de Camila y dijo: Hola, mi amor, que tal tu día. Al otro lado del teléfono solo se escucharon risas, era Micaela, él se había equivocado. Terminaron hablando de otros temas, nada de fiesta, nada de regalo, nada de Camila.

Quedaron en ir a tomar un café, ese café se convirtió en cine y sin darse cuenta salían solos sin Camila. Todo se complicó y bajo ellos se ubicó una nube gris que estaba creciendo día a día. Ni por un segundo se cuestionaron aquellas salidas, no tenían miedo que alguien pudiera verlos juntos, todo resultó natural.

En uno de esos días, saliendo del cine, entraron al carro de Joaquín, ambos sabían que estaba sucediendo que no comprendían, solo se escuchaba el ruido de la noche, solo silencio, se sentaron y sin saber cómo se besaron. Nuevamente silencio, Joaquín manejó hasta la casa de Micaela, se estacionó, Micaela antes de bajar del auto solo atinó a decir: Nada de esto a Camila, me tengo que ir.

No hablaron por días, llegó el cumpleaños de Camila, todo salió como lo planeado, hasta incluso mucho mejor, todo estaba perfecto, menos Joaquín y Micaela.

Algo estaba sucediendo … y solo ellos tenían la respuesta.


Recomendaciones

La historia continua en ...

http://intimas-confesiones.blogspot.com/2009/11/camila-micaela-y-joaquin-mentiras.html

http://intimas-confesiones.blogspot.com/2010/03/camila-micaela-y-joaquin-mentiras.html

lunes, 31 de agosto de 2009

El amigo de "Ella" ***Parte I***

Capítulo 1: Encuentros Cercanos

“Él” era amigo de “Ella”, “Él” era chico impetuoso, que “Ella” conoció años atrás en sus primeros ciclos de universidad. Entre separatas y encuentros en los pasillos se conocieron. “Él” era un chico desaliñado, extrovertido y ambicioso; “Ella”, una chica –en esos años- no tan extrovertida como lo es ahora, extremadamente ordenada, estudiosa y muy habladora.

Fue así como nació la amistad, pasaron los años y con ellos, los ciclos de su amistad, ha veces más intensa y otras veces más casual, pero siempre amigos.

Las conversaciones siempre fueron exquisitas, no importaba el tema; relevante en muchas ocasiones, y otras circunstancial, entre el cosmos, la constitución, las comunicaciones, la fotografía, la literatura, el cine y demás pasaron los años.

Pasaron algunos años y “Él” se desvaneció, probablemente porque “Ella” tenía ocupada sus días y noches en una relación muy pasional.

Algunas primaveras transcurrieron, y “Él” volvió a aparecer pero convertido en un hombre más seguro, más imponente y diferente. En realidad, nunca desapareció solo que ahora se convertía en protagonista de la historia de “Ella”. Todo empezó de nuevo, las conversaciones, los cafés …

Una noche se encontraron en una fiestecilla limeña.

Conversaron, bailaron y se besaron … Fue ahí donde comenzó la adición … se volvieron adictos a sus más intensos y desgarradores deseos de poseerse una y otra vez.

“Cuando la vida te ofrece un sueño que supera ampliamente cualquiera de tus expectativas, no es razonable lamentarse de su conclusión”

Bella en “Crepúsculo”


Este post forma parte de una historia creada en la cabeza de la narradora, si existe algún parecido a la realidad espero no herir susceptibilidades.

Es la primera parte de una historia que identificará a muchos de los lectores.