
Eran las tres de la tarde de un día cualquiera, sonó mi teléfono, reconocí el número, era Mafer*, le contesté el teléfono inmediatamente, como si no hubiera tenido la necesidad de pensar, no instruí a ninguna parte de mi cerebro a hacerlo, solo conteste y le dije: “Mafer, cuéntame...”, esa era nuestro código, no era necesario un “Hola”, ninguna especie de saludo solemne, ni de una introducción innecesaria, siempre hablábamos, no solamente una vez al día sino las veces que resultasen necesarias, no teníamos límites. Aunque hace ya algunas semanas el trabajo y nuestras diversas actividades no nos dejan libres para ese cafecito por la noche.
Ella me contestó con un: “¿Qué haces?”, -bien-, le contesté, hablamos un poco y a la vez de nada, la conversación fluía; hasta que, como si el mundo se detuviera por unos segundos, pensé –algo esta sucediendo-, entonces le dije:
- Mafer, cuéntame que ha pasado.
- Nada, por qué –me incriminó Mafer inmediatamente con una voz temblorosa.
- Oye, te conozco como a mí misma, sé que hay algo que me tienes que contar – simplemente lo sabía, no puedo explicar esa sensación, eran punzadas que penetraban todo mi cuerpo,
- Sí, es cierto, tengo algo que contarte –me dijo con una voz más suave-. Las dos nos quedamos en silencio, yo no quería hablar quería que ella me contara qué estaba pasando. Hasta que me dijo: Sandra, he vuelto con Tito*.
Me quedé en silencio, ella buscaba una reacción, algún signo que demuestre aprobación o desaprobación, solo atiné a escucharla, a entenderla. Hasta que del contexto de nuestra conversación, ella muy sabiamente me dijo: Sandra, todos merecemos una Segunda Oportunidad…
Después de unos minutos, colgué el teléfono; no obstante, durante ese día y hasta el día de hoy pienso en las Segundas Oportunidades.
Creo que todos hemos tenido y hemos otorgado una Segunda Oportunidad, pero cuando alguien merece una Segunda Oportunidad?, cómo mides el arrepentimiento?, cuando reconoció su error?, qué?, entonces nos convertimos en determinados momentos de nuestras vidas en jueces y entes evaluadores de la conducta de nuestros amigos, familiares y parejas?
Es cierto que toda esta evaluación personal implica grados y niveles de perdón, pero en realidad existen esos niveles?, todas estas interrogantes han golpeado estos días el laberinto de mis pensamientos porque yo otorgue una Segunda Oportunidad alguna vez, aposté por alguien, que bueno por circunstancias de la vida no aprovecho en su totalidad la Segunda Oportunidad; pero el problema fue que yo nunca perdoné su error.
Es ahí donde nace mi confusión.
Este post responde a una catarsis personal.
* Por el bienestar de mis amigos, modifiqué los nombres reales de las personas.