
Transpiraciones
Respiraciones agitadas
El reloj marca las 03.00 horas
El ruido del vaivén de las cortinas
Mientras el aire otoñal hace su ingreso en la habitación
Me despierto…
Era solo una pesadilla
Soñé que estaba sola nuevamente …
“Colecciono pronósticos, anuncios y matices, signos, sospechas y señales…” Los años me han convertido en una abogada de profesión. Voy por la vida jugando ese papel, insatisfecha la mayor parte del tiempo anhelando ser distinta. Soñadora por instinto y solitaria cuando despierto. Amante del amor, de la música y del olor a libros viejos. Hoy me confieso antes ustedes mis mejores críticos y compañeros de letras.

Transpiraciones
Respiraciones agitadas
El reloj marca las 03.00 horas
El ruido del vaivén de las cortinas
Mientras el aire otoñal hace su ingreso en la habitación
Me despierto…
Era solo una pesadilla
Soñé que estaba sola nuevamente …

Te buscaba entre el reflejo de mis sombras entre el espejo medio roto, medio transparente
Intentaba buscarte...
tanto te busqué y tanto deseé tenerte nuevamente que te perdiste en mis recuerdos
Sin planearlo te volví a ver y al mirarte, olerte y abrazarte solo quisé no dejarte ir nunca más
Aquel beso robado me convenció que a tu lado es donde pertenezo
Pero entre mi último abrazo te desvaneciste y ahora no sé como recuperarte de nuevo.

Que los domingos duermo hasta tarde,
Que no me baño si es que no tengo que salir,
Que prefiero comer en casa antes que en un restaurant,
Que si no salgo un sábado soy feliz viendo una película sola en mi sofa,
Que me gustan los perros tanto como los gatos,
Que soy heterosexual pero admiro la belleza femenina,
Que le tengo miedo a la soledad tanto como a caerme de rodillas,
Que me encanta ordenar,
Que me enamoro rápido,
Que me gusta hacer el amor hasta el cansancio,
Que miro a los ojos y a las manos constantemente,
Que soy coqueta porque me encanta sonreir,
Que me encanta escribir porque me gusta compartir mi soledad e ilusiones,
Y que tengo tantos defectos como sabores de helados favoritos,
Debo confesar que soy imperfecta.

Qué ocultas en ese corazón desgarrado de insomnios
...en aquella mirada incandescente, ansiosa y atiborrada de cuestionamientos
...si tus labios fueran capaces de acercarse a los míos como ayer en mis sueños
...todas tus interrogantes se desvanecerían entre las sombras de nuestros músculos imperfectos
Sé valiente por un momento y confiésate …
Y volvi a entrar a tu departamento, a ese espacio que me acogió muchos meses atrás. La ubicación de los muebles me resultaba familiar conocía el significado de las luces y de los sonidos que recorrían el ambiente.
Tu cama como siempre destendida, la lap top como siempre prendida con la música habitual y las ventanas abiertas para que el humo del cigarro encontrara su salida.
Nos sentamos y conversamos del presente, de las casualidades y del pasado que no nos vinculaba. Te miraba y tú sonreías, intentaba reconocerte de nuevo, saberte y olerte para entender y asimilar porque eras mi pasado, porque te había escogido en ese momento para compartir nuestras noches.
Simplemente hablabas y trataba que monopolizaras la conversación para convertirme en una simple espectadora. Quise hacerte preguntas, esas preguntas incomodas … ese que hubiera pasado si… pero simplemente no lo hice, no valía la pena.
Debo confesarte que por momentos, en ese pasado, confundí tus palabras y tus manías, pensé, no pierdes nada Sandra, solamente ganas compañía. Ahora luego de varios meses, ya no me pregunto lo mismo, ahora las cosas cambiaron, ahora me pregunto por qué lo hice, por qué te escogí o por qué abrí tu puerta.
No tengo respuestas, no puedo responder fue la soledad, sería absurdo, sería tonto, sería infantil.
Tus manos que intentaron calentarme en esos momentos ya no generan la mas mínima sensación ni en mi mente ni en mi cuerpo.
Las horas pasaron, por ahí también algunos cigarros y unas copas de vino. Tal vez pensaste –erróneamente- “creo que hoy es la noche”, no, te confundiste, las horas pasaban, yo no intentaba seducirte, ese no fue el plan, solo era conversar, sentí que te desesperabas querías más, no sabías qué hacer para conseguirlo.
Luego de tres horas, me levanté, tomé mi cartera. Dije –uy, es tarde, tengo que irme. Oye un gusto, hablamos otro día- Te deje sentado y no terminamos envueltos entre las sábanas .… te equivocaste.


