
Abrí la puerta. Estabas inundado en tus lágrimas, traté de escucharte, pero tu voz resquebrajada no me dejaba descifrar el sentido de las oraciones, tu voz destrozaba el lenguaje y la comunicación entre nosotros era imposible… solo atiné a abrazarte a preguntarte que había sucedido…
Me miraste y tus ojos dibujaban la tristeza más profunda que nunca antes había presenciado. Sus labios se abrieron y un eco golpeó mi cabeza: “Mi papá acaba de fallecer”, no sabía que decir, no entendía que sucedía, estaba en un mundo paralelo, quería despertar de esa pesadilla…
Segundos más tarde reaccioné y entendí que era real la noticia, solo que no podía procesarla.
Ese día su papá me había tomado la mano justo cuando intentaba hacerme un chroripan, me miró y me dijo: “Sandrita, si yo hubiera tenido una hija mujer, definitivamente, hubiera sido como tú”. Lo miré y lo abracé como si fuera mi papá y le dije: “Tío, yo soy tu hija”.
Yo amaba al papá de Rafael, era el papá de un amigo de la infancia, pero su dulzura, su serenidad y su mirada, me hacían recordar a mi abuelo, mi Tío Carlos era bastante mayor y sentía que si mi abuelo viviera sería como él.
Hoy lo recuerdo como si fuera ayer, siempre sonriendo y leyendo a Borges los domingos por la tarde…
4 comentarios:
Sandra,
Buen blog!
Te invito a pasar por el mío que recién lo he abierto ...
Ay, qué feo...pasó hace mucho eso? Yo la verdad que no sé lo que se siente, pero perder a una persona así debe ser lo mismo a encerrarte en una burbuja sin querer salir, hablar ni ver a nadie; por un rato al menos porque, como sabemos, el tiempo cura todo, pero no puede evitar guardar siempre un lindo recuerdo.
Sí Pablito paso hace ya bastante tiempo, pero ayer me acordé de él y de mi abuelo! momentos dificiles!
Besos
pd: ha veces el tiempo no lo cura todo!
Publicar un comentario