Íntimas Confesiones
“Colecciono pronósticos, anuncios y matices, signos, sospechas y señales…” Los años me han convertido en una abogada de profesión. Voy por la vida jugando ese papel, insatisfecha la mayor parte del tiempo anhelando ser distinta. Soñadora por instinto y solitaria cuando despierto. Amante del amor, de la música y del olor a libros viejos. Hoy me confieso antes ustedes mis mejores críticos y compañeros de letras.
domingo, 24 de abril de 2011
Confesiones de una tonta enamorada
viernes, 15 de abril de 2011
Dulce Espera

lunes, 21 de febrero de 2011
...
Y tan hiriente la manera en la cual me hablas.
Tus susurros de convirtieron en sables peligrosos…
Tus caricias ya no saben a miel,
Mis mejillas perdieron su color y comenzaron a almacenar lágrimas manchadas de adiós
Tentaciones, tú, yo, ayer…
Desaparece porque si te quedas un día más, nunca te volverás a marchar.
viernes, 4 de febrero de 2011
La noche de ayer
Mis ojos estaban cerrados pero era imposible descansar, me imaginé que despertaba de una pesadilla y que por eso mi inconsciente no quería sumergirse nuevamente.
Prendí la luz de mi mesa de noche, tomé el libro que me acompaña por estos días y continúe mi lectura, intentando aprovechar esa madrugada.
No pude recobrar el hilo de la lectura, empecé a recordar mi pasado, en las cosas que hice y en aquellas cosas que deje de hacer, pero sobre todo en lo que quiero hacer. Recordé a la chica de 20 años que se enamoró por primera vez y la comparé con la mujer de 26 años que se ha vuelto a enamorar.
Sonreí imaginando y solloce recordando, me prometí a mi misma reconocer y confesar mis miedos, Sí, una vez más.
Fue una noche singular, una noche de reencuentros, si un reencuentro con mi ex -yo.
jueves, 28 de octubre de 2010
Amor Incondicional
lunes, 11 de octubre de 2010
Noticias en un cafe

La ventana de mi habitación guardaba las marcas de las gotas de lluvia de la madrugada. Así, los elementos circunstanciales anunciaban que estábamos ante una mañana invernal.
Mis mejillas rosadas por el calor que emanaba la estufa de mi diminuto rincón universal, me saludaban con un Buenos Días. Mis medias negras con rayas blancas se perdían entre las sábanas de mi Queen Size.
Mis ojeras no querían despertarse, reposaban y golpeaban desde lo lejos aquel botón de “Desactivar” de la alarme de mi aparato celular.
Los elementos dibujaban un día cualquiera.
Fue por la tarde mientras caminaba por un café, cuando me encontré con Alejandra. Ella estaba sentada en la mesa del Café de la esquina. Sus ojos color caramelo perdidos miraban tras la luna de aquel local. Dudé en saludarla, tal vez porque aquel día no me había inyectado mi dosis de “persona social” o porque, quizás, tenía que regresar a trabajar de inmediato.
A pesar de las dudas, me acerqué, la saludé y la noté distraída. Mi curiosidad surgió entre las cenizas y decidí sentarme, solo bastaron unos pocos minutos para que entendiera porque su mirada había perdido el brillo de la chica bohemia que había conocido años atrás.
Alejandra había regresado hace un par de semanas de un intercambio, había estudiado por alrededor de 6 meses en Barcelona. Una de las primeras cosas que hizo al llegar fue buscar a Miguel, un muchacho de tan solo 28 años, con el cual había salido por alrededor de 8 meses, una relación liberal, sin ataduras que los había convertido en fichas de dominó.
Durante los últimos meses, antes que Alejandra partiera a tierras españolas, habían peleado como cualquier pareja, por motivos sin importancia. Después de aquellos episodios, dejaron de hablar y Alejandra fugó a España.
No habían tenido comunicación, solamente un mail tal vez. Luego de tres días en Lima, Alejandra lo llamó al número que guardaba en su agenda pero no contestaba. Estar afuera por 6 meses había hecho entender a Alejandra que en la vida debemos olvidar los resentimientos y que los problemas son más pequeños de lo que imaginamos.
Tomó un taxi y se dirigió directamente a la casa de Miguel. Tocó el timbre y salió la señora de limpieza, Alejandra no dudó en preguntar por Miguel. La señora un poco desconcertada le dijo: Señorita, disculpe pero, Miguel sigue en la clínica. Alejandra, preocupada preguntó: Ah, pero ya regresa?, fue a consulta?, fue solo?. La señora sin saber cómo responder, le coge los hombros y le dice: Señorita, Miguel se encuentra en estado de coma, hace dos semanas, tiene cáncer al páncreas en etapa terminal.
Las rodillas de Alejandra temblaron, no contestó nada, las imágenes del pasado invadieron su cerebro perturbado. Esto sucedió hace 3 horas antes que yo la encontrará en aquel café. Sus ojos seguían rojos y su corazón aún perturbado.
Aquellas gotas de lluvia en mi ventana por la mañana anunciaban el reflejo de las lágrimas de Alejandra por la tarde.
viernes, 3 de septiembre de 2010
El Arquitecto que vestía Bata Blanca

Pablo tan solo tenía 22 años cuando su vida cambió repentinamente.
Era un lunes invernal, finalizaba el mes de julio y el calendario académico anunciaba la matrícula al octavo ciclo de la Facultad de Medicina de una prestigiosa universidad limeña. Los ciclos de la universidad habían transcurrido entre libros, batas blancas y noches de insomnio.
Aquel lunes Pablo se levantó temprano y se encaminó a la Universidad, mientras hacía la cola para elegir los cursos que debía llevar aquel ciclo, su mente se tornó nublada, estaba cansado, empezó a preguntarse e imaginarse cómo serían los siguientes meses, tenía que seguir leyendo, más desveladas y más martirio.
Estaba harto de las clases y de aquellos catorce de nota en su vida, y se preguntó como quién interroga a un delincuente: ¿seré un médico de 14 de calificación?, ¿cómo puedo pretender sanar a enfermos?, ¿me esfuerzo tanto para esto?
Salió de la cola, que a esa hora de la mañana había crecido con más estudiantes que esperaban ansiosos, caminó a la puerta y tomó un autobús cualquiera, probablemente no era aquel que lo dirigiría a su casa. Estaba asustado y angustiado, sentía como las gotas de un sudor frío se desvanecían lentamente en su casaca.
¿Y ahora qué voy a hacer?, era la frase que penetraba como un eco hasta en sus entrañas. Llegó a su casa con la piel tan pálida que el color bronceado de su piel había desaparecido. Se sentó en el sofá de su casa y esperó a su mamá, ella entró a la habitación y comprendió que algo estaba ocurriendo, él solo atinó a decir: Mamá no seré doctor.
Pasaron unos cuantos meses y entre psicólogos él comprendió y valoró sus habilidades, ellos no le dijeron qué tenía que estudiar, solamente guiaron el camino perdido que hace unos cuantos años atrás había emprendido. No postuló a ninguna universidad, sino que la carrera lo encontró a él. Bastó que el Decano de la Facultad de Arquitectura de otra universidad lo viera para comprender que la Arquitectura desbordaba por sus venas. Y así fue como una novela contada por un escritor frustrado. Fue así como Pablo encontró su vocación.
Conozco a Pablo, él está por terminar la carrera de Arquitectura y sí conocen a alguien más apasionado con lo que hace día a día díganmelo, por sólo conozco a una persona y se llama Pablo. “Lotiza” sus pensamientos, “diseña” sus pasos y “crea” su vida diariamente. Él es un Arquitecto que vestía Bata Blanca.
martes, 17 de agosto de 2010
Intimas Confesiones: La historia de una blogger
¿Por qué escribo este blog? Muchos me preguntan, me increpan y me interrogan. Quisiera poder responderles y contarles que se ha convertido en una especie de obsesión incandescente de querer contar historias. De inventar. De crear personajes que pululan en mi cabeza.
Muchos piensan y me señalan con el dedo, piensan que mi blog se ha convertido en una especie de diario personal y narrador de aventuras propias. Lo que ellos no se dan cuenta es del título de mi blog. Sí, es un blog confesionario, es la puerta y a la vez la voz de muchas personas, no soy yo, somos todos, este blog es de este todos, es de Sandra y de las anónimas, de mis amigas y de las chicas que no conozco, de las que me contaron su historia en vivo y en directo y de las que escuche su historia a través de los labios de una tercera persona.
Creo que soy una escritora frustrada, aquella que no ha publicado nada escrito, que vive en el mundo cibernético, aquella que podría escribir los guiones de una serie o novela mexicana.
Escribo porque soy como ustedes, porque me equivoco, porque me confundo y porque me ilusiono.
Algunos de los que leen me conocen, muchos no. Si intentan conocerme por lo escribo su batalla puede ser perdida, porque las historias no siempre son mías, son de aquellos personajes anónimos o de aquellos personajes de guiones empastados en mi memoria.
No me apunten con el dedo. Soy liberal y qué?
Escribo para provocar, para desatar, para que me critiquen, para que sueñen y para que se den cuenta que el mundo ante sus ojos es más pequeño de lo que imaginan.
viernes, 6 de agosto de 2010
El incógnito ya tiene nombre

Era un fin de semana cualquiera y las peleas entre Tatiana y Guillermo no cesaban. Guillermo decidió acabar la pelea con un hasta luego, bajó las escaleras de aquel segundo piso de la casa de los padres de Tatiana y a lo lejos se escuchó el golpe de la gran puerta de madera cerrarse.
Sonó un celular, era María Fernanda, Salimos hoy, se escuchó por el auricular, cómo si ella hubiera escuchado la pelea que hace minutos había tenido su mejor amiga. Sí, respondió Tatiana, sin pronunciar oración adicional que explicase su estado catatónico.
Mientras se alistaba para salir, Tatiana no dejaba de recordar las constantes peleas que habían gobernado los últimos meses su relación con Guillermo, se preguntaba si el tiempo había dejado caer sus frutos y ya no eran –tal y como ella recordaba- el uno para el otro.
Micael y María Fernanda pasaron por Tatiana. Sonó un bocinazo y Tatiana bajo las escaleras que minutos atrás había atravesado Guillermo. El carro estaba repleto, había dos personas más. Tatiana saludó y entró al pequeño automóvil de Micael.
Estaba oscuro y no podía distinguir los rostros de los nuevos actores de la noche. Pasaron por el último integrante de aquel clan nocturno para dirigirse a un lugar alejado de Lima en busca de diversión.
Tatiana bailó toda la noche y se olvidó de las peleas hasta el punto que no podía dejar de observar aquellos ojos negros de uno de los amigos de Micael. Los tragos habían logrado que Tatiana se liberase de sus recuerdos, salieron a bailar y la música se hacía cada segundo más lenta, como si las notas de aquellas canciones pegajosas dejaran de retumbar y el silencio gobernará los pasos impetuosos de Tatiana.
Ella no sabía si seguía con Guillermo, pero los ojos de aquel incognito la cautivaron. Fue ese día en el cual Tatiana engañó a Guillermo por única vez. Sin pensarlo dos veces, aquel hombre la miró y entre notas musicales la besó.
Nunca más sus caminos se cruzaron, hasta el día de hoy que lo volvió a encontrar.
Tatiana ya no está con Guillermo y ese incógnito hoy tiene nombre.
Imagen: http://www.kristianwahlin.se/gallery/PhotoAlbum.asp?showSub=Gallery%203
domingo, 1 de agosto de 2010
Tercera Parte: Un día cualquiera, un cumpleaños más
En La Paz, Catalina había perdido la noción del tiempo. Decidió entrar a una cabina de internet con la finalidad de escribir a Miguel, su padre y a Carlos y María Fernanda, sus mejores amigos. Ingresó a su cuenta de correo y se dio cuenta que era 7 de mayo de 2010 y que el día de mañana cumpliría 28 años de edad.
Joaquín la esperaba a las afueras de la cabina de internet.
Catalina salió sin decir palabra alguna. Cogió sus guantes de lana, aquellos que había adquirido días atrás de una señora llamada María Elena, quién tejía para mantener a sus cuatro hijos pequeños. Prendió un cigarrillo, Joaquín solamente la miraba, ni por un segundo se animó a preguntar qué era lo que había sucedido ni el porqué Catalina tenía la mirada más perdida que nunca.
Catalina caminó un par de metros, tomó unas monedas y las introdujo en el único teléfono disponible en aquella plazuela boliviana. El sonido calcinante de las timbradas se hacía eterno.
-Hola, soy Catalina, dijo con la voz firme. Un momento, espera, Joaquín me puedes dar unos segundos – increpó Catalina a Joaquín con aquella voz alta que la caracterizaba. Tuvo que hacerlo ya que cada segundo Joaquín se acercaba más para intentar escuchar la conversación-.
- Papá, soy Catalina –continuó-.
- Estoy en La Paz y estoy camino a Argentina, aún no sé cuando regrese, probablemente cuando se me acabe el dinero -afirmó aquella niña mujer al hombre más importante en su vida, aquel que nunca la había decepcionado.
Hablaron por unos minutos y Catalina sentía como su padre la acariciaba a través del teléfono, Catalina solo sonreía. Colgó y se dirigió a Joaquín.
No hablaron, Joaquín siguió el camino que marcaba Catalina. Entraron a un bar, ubicado a pocas cuadras del Hostel. En aquel lugar se encontraron con un grupo de argentinos, compartieron algunos tragos y bailaron un poco.
Llegaron las doce y Catalina desapareció, camino a la plaza con una botella de cerveza en la mano derecha mientras que la izquierda sostenía el último cigarrillo de la noche. Se detuvo en la entrada del hotel y dijo en voz baja: “Feliz Cumpleaños Catalina”. Entró a su cuarto y se echo a dormir tal y como la noche anterior.
Más de Catalina:
http://intimas-confesiones.blogspot.com/search/label/Las%20aventuras%20de%20Catalina
domingo, 20 de junio de 2010
Segunda Parte: Catalina de backpacker
Los tragos habían causado en Catalina aquella sensación que su piel había olvidado, solo bastaron unos vasos repletos de alcohol, unos cuantos cigarrillos y unos porritos de más para que su piel recordara el calor que presionaban sus músculos imperfectos. Sin importarle que Joaquín esté a su lado, levantó los brazos y saltó hasta la mesa de billar cuando escucho una canción de los Stone Roses, bailó y sacudió aquel cuerpo que los años había moldeado y construido.
Luego de un par de minutos cogió una cerveza, se la tomó en tres sorbos y se dirigió a su cuarto, su cama ya no era su cama, estaba ocupada por Marie una nueva francesa, tenía que dormir en otra cama, se echó y sus ojos se desplomaron a la profundidad del sueño.
Al día siguiente, poco o nada recordaba de su desmesurada noche. Joaquín en la cama de al frente, la miró y le dijo Cata tomamos desayuno. Tomaron un café y un par de huevos revueltos. Ese día decidieron emprender su viaje, el destino los había juntado en un camino infinito a Bolivia.
Primera parada: Desagüadero, cruzaron una inmensa e interminable fila de migraciones para llegar a Bolivia. Bicicletas, ambulantes, peruanos, bolivianos, todos se mezclaban, la bulla, los niños llorando, los animales comiendo en las calles aturdían sus pensamientos. En aquella fila se cruzaron con tres españoles (Fabricio, Galo y Rosario) que iban a La Paz por unos días para luego llegar al Salar de Uyuni.
Todos decidieron unirse en aquel viaje nada planeado. Llegaron a La Paz luego de uno de los peores viajes en bus de su vida. Catalina había observado cuidadosamente cada movimiento de Joaquín, él parecía un buen muchacho, pero poco o nada conocía de él, durante el viaje en bus, Joaquín la había observado dormir, Catalina fingió no darse cuenta para evitar conversaciones incómodas. Aquel viaje no tenía como objetivo involucrarse con algún hombre.
Al final, ella tenía que tener cuidado, andaba sola en un país desconocido, donde la altura confundía sus pensamientos a cada segundo.
Fabricio, uno de los españoles escogió el hostel en La Paz, entraron, se registraron y todos compartieron un cuarto, como en todos los hostel en Latinoamérica. Guardaron sus maletas en los lockers asigandos y salieron al bar.
Mientras bailaban, Catalina con tres o cuatros tragos de más se sentó al lado de Fabricio, él conectó su ipod a los parlantes y la sacó a bailar. Joaquín interrumpió abruptamente aquel baile. En ese momento, Catalina entendió el mensaje.
Si quieren conocer a Catalina pueden leer:
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