viernes, 3 de septiembre de 2010

El Arquitecto que vestía Bata Blanca

Pablo tan solo tenía 22 años cuando su vida cambió repentinamente.

Era un lunes invernal, finalizaba el mes de julio y el calendario académico anunciaba la matrícula al octavo ciclo de la Facultad de Medicina de una prestigiosa universidad limeña. Los ciclos de la universidad habían transcurrido entre libros, batas blancas y noches de insomnio.

Aquel lunes Pablo se levantó temprano y se encaminó a la Universidad, mientras hacía la cola para elegir los cursos que debía llevar aquel ciclo, su mente se tornó nublada, estaba cansado, empezó a preguntarse e imaginarse cómo serían los siguientes meses, tenía que seguir leyendo, más desveladas y más martirio.

Estaba harto de las clases y de aquellos catorce de nota en su vida, y se preguntó como quién interroga a un delincuente: ¿seré un médico de 14 de calificación?, ¿cómo puedo pretender sanar a enfermos?, ¿me esfuerzo tanto para esto?

Salió de la cola, que a esa hora de la mañana había crecido con más estudiantes que esperaban ansiosos, caminó a la puerta y tomó un autobús cualquiera, probablemente no era aquel que lo dirigiría a su casa. Estaba asustado y angustiado, sentía como las gotas de un sudor frío se desvanecían lentamente en su casaca.

¿Y ahora qué voy a hacer?, era la frase que penetraba como un eco hasta en sus entrañas. Llegó a su casa con la piel tan pálida que el color bronceado de su piel había desaparecido. Se sentó en el sofá de su casa y esperó a su mamá, ella entró a la habitación y comprendió que algo estaba ocurriendo, él solo atinó a decir: Mamá no seré doctor.

Pasaron unos cuantos meses y entre psicólogos él comprendió y valoró sus habilidades, ellos no le dijeron qué tenía que estudiar, solamente guiaron el camino perdido que hace unos cuantos años atrás había emprendido. No postuló a ninguna universidad, sino que la carrera lo encontró a él. Bastó que el Decano de la Facultad de Arquitectura de otra universidad lo viera para comprender que la Arquitectura desbordaba por sus venas. Y así fue como una novela contada por un escritor frustrado. Fue así como Pablo encontró su vocación.

Conozco a Pablo, él está por terminar la carrera de Arquitectura y sí conocen a alguien más apasionado con lo que hace día a día díganmelo, por sólo conozco a una persona y se llama Pablo. “Lotiza” sus pensamientos, “diseña” sus pasos y “crea” su vida diariamente. Él es un Arquitecto que vestía Bata Blanca.

3 comentarios:

Lemon Guy dijo...

Me ha pasado algo muy similar, solo que mi camino para encontrar mi verdadera vocación ha tenido mas obstáculos... q importa igual llegue a ella.

Javier dijo...

pues en algun momento dudé de mi vocación, sin embargo, al final me decidí y soy feliz :D

Loquetengas dijo...

@loquetengas
Historia sencilla pero tan dificil de aplicar en la vida de muchos. Es cuestión de acitud.